En un mundo lleno de odio es casi imposible encontrar un corazón que palpite. Hay tanto odio alrededor y tanta indiferencia ante el dolor ajeno. Amar, entendido el amor como un sentimiento puro y sincero que nace del interior, es un artículo de lujo. Si fuera posible comprarlo estaría sujeto a las fluctuaciones del carácter humano.
Y lo digo con razón, pues he notado que el interés y el beneficio propio son los valores morales por los cuales se rigen infinidad de personas. Muy pocos hacen gala de valor e inteligencia y creen hallar un sustituto para ambos en la astucia y la arrogancia.
No obstante, las cualidades mencionadas en el párrafo anterior, no enaltecen al ser humano, lo envilecen. Todo ello incide en la vida de familia y el ambiente laboral. Incluso, es el ingrediente perfecto para disculpar cualquier conducta despreciable.
Ahora bien, eso no significa que la batalla esté perdida, siempre vale la pena vivir. Existen algunas razones de peso como las siguientes:
Las manos confortables de una madre.
La buena voluntad de un amigo verdadero
La sonrisa de la mujer amada.
La inocencia de un hijo.
El azul del cielo.
El amor por el trabajo.
El silencio de una conciencia tranquila.
El sonido de una lágrima ajena.
La gran paciencia y la energía de un padre.
El enorme placer de estar a solas cuando el alma necesita un respiro.
¿Conocen ustedes a alguien que no ame cada uno de estos momentos? Lo dudo mucho. Al menos para mí revisten la mayor importancia en mi vida y tal vez estemos de acuerdo. Este año he sufrido malos momentos, pero tener a mi lado gente que me acompaña aun si el camino está lleno de espinos, ha eliminado en gran parte la carga. A ellos vayan los agradecimientos. Es cierto que el mundo está en decadencia pero aun creo en ustedes, los que se esfuerzan por amarme cuando no lo merezco. ¿Lo ven? No existen corazones de piedra. Que tengan un buen día.

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