miércoles, 15 de abril de 2009

LA LLEGADA INMINENTE DEL INVIERNO

Afortunadamente, otras regiones del planeta gozan de las cuatro estaciones que jamás he conocido en mi vida. Por estos rumbos, también conocemos cuatro estaciones: invierno, inundaciones, verano y sequía. Si no me creen pregúntenle a los habitantes de la zona oriental del país.



En la comarca donde vivo el invierno se manifiesta de una forma bastante peculiar. Muchos de mis vecinos, gracias a las remesas, tienen lo último en celulares y otros artefactos tecnológicos pero si uno va y les pide una sombrilla, no tienen. ¿No les ha sucedido lo mismo a ustedes? Pero no se inquieten, pueden comprar un buen paraguas en cualquier comercio informal de la capital. Cosas aparte, la calle del lugar donde vivo aún es de tierra y por los meses de septiembre y octubre que son los más copiosos, se vuelve una masa informe de barro y piedras.



Lo gracioso del caso es que vivo en el "Área Metropolitana de San Salvador" pero estos parajes no alcanzan a tener siquiera el esbozo de una ciudad. Algo que me da risa es ver a los estudiantes universitarios regresar de clases y bajarse de la cálida atmósfera del autobús, para caer en las garras de la lluvia que los golpea sin misericordia.

Por otra parte, las amas de casa tienen motivos para detestar el invierno y son los siguientes:

1. El piso de la casa nunca está limpio.
2. La ropa tarda una eternidad en secarse, si es que logra secarse.
3. Hay que planchar casi a diario.
4. La casa agarra olor a moho y nada pueden hacer los mejores desodorantes ambientales.

Asimismo, el tráfico no es inmune a los efectos del invierno. Un ejemplo es la circulación de vehículos en la Troncal del Norte. Les hablaré de la Troncal del Norte porque es lo único que conozco y espero que ustedes me comenten en otras arterias de nuestra nación y cuales son los puntos más críticos de tales vías.

En la Troncal del Norte, los accidentes son el pan de cada día y por tanto, los retenes policiales se observan con más frecuencia de lo normal. Viniendo de San Salvador los policías de tránsito se ubican en el kilómetro cinco, cerca de una venta de respuestos abandonada, luego tenemos otro por la refinería, seguido del reten que está en el kilómetro once y el del Periplaza, casi en el kilómetro doce, es decir, a la entrada de Apopa.

Durante la estación lluviosa las paradas de buses lucen abarrotadas y las unidades del transporte público escasean. Por supuesto, el tiempo que toma llegar al hogar se duplica en proporción directa a la intensidad de la tormenta. Algunos transportistas guardan temprano sus "carros" como acostumbran llamarlos, para evitar accidentes, ya sea debido a fallas mecánicas u otras causas desconocidas.

Finalmente, llegar a casa aunque sea empapado, compensa todas las dificultades anteriormente expuestas y sentimos la calidez del hogar y el humo de un buen chocolate que humea en la mesa, alrededor de la familia que tanto nos ha esperado con los brazos abiertos...

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