Ayer me levanté, abrí los ojos y descubrí una lágrima en mi mejilla.
Me toqué los bolsillos y solo encontré un centavo doblado, escondido bajo mi nostalgia, bañado en melancolía.
Y no pude más, el alma se me quedó a mitad de los tobillos,
mis manos surgieron temblorosas para romper el silencio
con la certeza de un verbo y la calidad de un adjetivo.
Entonces pensé que amar no es de todos los días
ni sufrir una opción de los menos favorecidos,
pues al fin y al cabo siempre hay una sombra que nos mira.
Quedé a merced de los silencios más profundos,
de las verdades más llanas, soberanas e imperfectas
que medran al amparo de un sentimiento absurdo.
Y me di cuenta de la realidad en la cual me refugio:
amar no es de todos los días, llorar es una de mis metas.
* La imagen adjunta es cortesía de nuestro querido amigo Copérnico.

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