No soy el hombre que todos piensan,
no vivo alegre ni sonriendo por los fracasos.
Amo la existencia con trozos de mi pasado
y vierto en mis sueños partículas de melancolía.
¡Canto al amor sin esperar nada a cambio!
En ocasiones la felicidad me llena,
regocija mi alma y la condena
hasta inundar los ríos de mi alma
como la soledad y la estrella.
Entonces emprendo la marcha
pensando en la seguridad de tus encantos,
en tus manos llenas de caricias,
en las montañas de tus labios,
en la sinceridad de tu voz perpetua
que es libertad de mis cadenas.
Y me quedo a mirar la soledad y la estrella.

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