Hay lugares que el alma recorre
en este mundo incierto lleno de lágrimas,
valles de sombras donde el sol muere
y el lucero se levanta en otras caras.
Pues en ocasiones, el amor fulgura,
esperando una caricia singular,
una voz incierta, una mano amiga.
Y de repente llegas tú para consolarme,
y tus enojos y tu risa se desbordan
y resulta que te amo con el alma
y vivo para ti y lucho por un mañana.
Entonces, la congoja me abandona,
el sueño que no me arrullaba vuelve,
y ya no siento ni los días ni las horas.
Entonces, siento paz y quietud:
la quietud que permanece
en los lugares que el alma recorre.

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