viernes, 5 de diciembre de 2008

LA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL Y LA CLAVE PARA VIVIR EN EL SIGLO XXI.

Este año 2008 que ya casi termina, ha sido para la mayoría de personas, un año lleno de dificultades. El costo de la vida ha sufrido incrementos nunca vistos y los empleos son cada vez más escasos. Como resultado de la inquietud que genera una situación como la descrita anteriormente, vale la pena analizar el estilo de vida que impera en nuestro siglo XXI con miras a establecer si no somos nosotros los culpables de nuestra desgracia.

Bueno, dejando a un lado el enfoque pesimista del párrafo anterior, creo que es necesario comenzar por aceptar nuestros propios errores. De todos es conocida la frase “las necesidades del hombre son pocas, los deseos infinitos” que evoca lo sencilla, llana y simple que podría ser la vida del humano si en realidad se ajustara a lo puede darle. Pero una cosa es lo que se dice y otra muy diferente lo que sucede en la realidad.

El sistema en el que vivimos crea necesidades donde no las hay. No condeno que nuestros deseos sean “infinitos”, pues la imaginación es el fundamento de la civilización tal como la conocemos. Sin embargo, el producto del intelecto, entendido este como todo lo que contribuye al progreso material y la emancipación del espíritu, debería ayudarnos a apreciar en su justa medida todo objeto o servicio que compramos.

Para el caso, sirva como ejemplo, el teléfono celular y la necesidad que casi todos tenemos de usar este aparato. Sirve para emergencias, para controlar empleados, para cerrar negocios y para todo lo que uno pueda concebir. El teléfono celular se ha convertido en una extensión de nuestros miembros y de nuestra presencia física. Pero, ¿cuál es el problema? Algunos me dirán que ya están acostumbrados a una vida llena de presiones constantes. Respeto esa opinión en particular, así es la vida del siglo XXI. Que le vamos a hacer.

No obstante, hay algo que nadie puede discutir: un teléfono celular tiene que cumplir con ciertos requisitos para ser útil. ¿Qué les parece si los detallamos en una lista? Veamos cuales son esos requisitos:

Un aparato de buena calidad de acuerdo al trabajo que desempeña el individuo.

¿Les extraña que no haya escrito más? Pues no hay nada más que agregar. No hablo con detalle del servicio que proveen las compañías telefónicas, porque eso es harina de otro costal y no es el objeto de este artículo. Pero volviendo al punto: ¿sería justo poner al mismo nivel las actividades y responsabilidades de un hombre de negocios con las de un joven inexperto o las de un empleado, sea este del sector privado o público? Claro que no. Y no hay argumentos para alegar en contra de lo que escribo. A menos que alguno de mis queridos lectores trabaje para una agencia de publicidad.

En los centro comerciales he visto jovencitos utilizando teléfonos celulares mejores que los que tienen sus padres, por supuesto, con dinero de sus padres. Conozco personas que reciben dinero de su familia que trabaja duro en cualquier nación extranjera y tienen los modelos más recientes con todas las funciones habidas y por haber. Pero, ¿realmente necesitan algo tan sofisticado? En la mayoría de casos, no.

Con notables excepciones, todo se resume en una palabra: ostentar. ¿Qué significa el término? El diccionario lo define como “hacer gala de grandeza, lucimiento y boato”. Y la sociedad actual da por sentado que tener lo mejor y ostentarlo es sinónimo de felicidad. Nada hay más equivocado. No veo a ninguna persona que ostente menos preocupada que yo; es todo lo contrario.

Tales individuos gastan dinero que no tienen o que pertenece a otros, con el fin de aparentar una vida que no pueden alcanzar, solo para satisfacer su estima y agradar a personas que ni siquiera conocen o no los aprecian por lo que son sino por lo que tienen. Poco a poco, quedan envueltos en una carrera ficticia y quieren más y más a expensas de su propia subsistencia o lo que es peor, de la de otros. Esos son los que reclaman a diario por las consecuencias de su propia conducta.

Es bueno que disfrutemos, pero no que nos endeudemos innecesariamente. Hay que producir y consumir; lo contrario es perjudicial y lleva a la ruina. Hay que cultivar el arte de vivir de acuerdo a las posibilidades de uno y esmerarse cada día por hacer lo mismo, pero mejor.

Sin duda alguna, vivir de acuerdo a lo que uno tiene en el bolsillo, está lejos de ser la norma en la sociedad actual. ¿No les parece que habría menos problemas de carácter económico tanto en las naciones como a título individual, si pusiéramos los pies en la tierra y no nos dejáramos arrastrar por el consumismo? Vivir sobregirado es regalar nuestro futuro a otros, vivir con lujos imposibles de sostener es una tontería.

No condeno el dinero porque el dinero es una protección y es bueno ganarlo en cualquier cantidad, siempre y cuando provenga de un trabajo honesto. Amar el dinero es lo que envilece a los hombres y los convierte en seres indignos que no producen nada. Ese amor es el que destruye familias y amistades, es el culpable de la caída de grandes imperios y es un amor mal dirigido. Ahora los invito a reflexionar. Que tengan un buen día.

No hay comentarios:

Datos personales

Mi foto
Normalmente, sobran razones para hacer una descripción personal que justifique los actos propios, por lo cual he decidido reservarme el derecho a hacerlo.