Les cuento que salí como a la una de la tarde de mi casa, atravesé San Salvador (lo cual me tomó casi cuarenta minutos), agarré la calle de Los Planes y luego me incorporé a la autopista de Comalapa. De allí en adelante, me tardé alrededor de cincuenta minutos más en llegar a mi destino.
Nada me salió bien. La persona encargada de facilitar mi trámite está de vacaciones, la secretaria andaba por San Luis La Herradura y la unidad de salud estaba desierta. Creo que en ciertos lugares les cuesta retornar a la actividad, si es que alguna vez la han conocido en la vida.
Ya resignado me subí a mi carreta año 86, puse en marcha el motor y me fui volando con las llantas más lisas del mundo y el alma en los pedales. Lentamente aparecieron nombres de municipios que no logro ubicar en un mapa: San Juan Talpa, San Pedro Masahuat y quién sabe cuántos cantones que se pierden en los rótulos en el territorio nacional.
Ahora bien, ninguna espera permanece sin dar sorpresas. Avanzando en la autopista y ya para llegar a San Salvador, ví una luz desde el cielo que iluminó un lugar cuyas pupusas de arroz son deliciosas y perjudiciales para la salud: Olocuilta.
Bajé de la chatarrita que me conduce fielmente y me dirigí a la pupusería "La Paciencia". De inmediato ordené dos pupusas de chicharrón con queso para su servidor y mi acompañante. ¡Qué delicioso manjar! Mientras disfrutábamos su delicioso sabor encargamos otras para llevar a casa y cenar. Si no me creen y quieren ubicarse, les muestro unas imágenes para que se piquen y vayan también. Espero sus comentarios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario